Dolor de ciudad

El paisaje de la ciudad me inunda con rostros que desaparecen. 
Me inserto en una rutina de olvidar caras al paso 
mientras pido que solo una de ellas quede en mi memoria, 
que perdure por los tiempos.
¿Cuántas veces nos habremos cruzado antes de conocernos?
Esquivo los cordones, 
líneas de baldosas y semáforos 
-de nuevo siento esa necesidad de irme-. 
Irme más allá, 
lejos, 
donde el sol no me alcance 
o el viento no me despeine.
Miro hacia la derecha y nada pasa, 
giro a mi izquierda 
solo veo malabaristas de maletines y ciclistas del tiempo 
que solo buscan llegar rápido a la rutina.
Decidí no pisar más acá, 
irme al norte, 
al sur, 
a donde no sale el sol y pueda ver el atardecer todo el tiempo.
¿Nos reconoceremos en el horizonte?

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