Lluvia viajera

Cada gota es un poema para el desolado
que ni aún corrompido se despide de sus sueños.

Se traicionan como en viento 

cambian de dirección sin motivo
huyen
y nadie las puede encontrar
entre tantos paraguas
entre tanta gente.

El seco comienza el fin

se miran a los ojos
nada pendiente entre ellos.
Sonrisa de por medio,

el silencio.

Las gotas caen por su cara
-espero no esté llorando, 

                                          todo estaría perdido-
En el subsuelo del bar
calentamos al silencio con té.

Un hombre de esos de traje está en la esquina
apoyado en el farol nos da aviso
y un barquito de papel nos guía a través del mundo.

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