Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2014

Re-Encuentro

Poco sabe mi amigo sobre cómo encontramos el camino pero sabe mucho de atardeceres entonces nos escribe con paciencia -todas las noches- para que por la mañana despertemos con letras escritas en las venas creando frases que parezcan verdades universales y con eso suspiramos respiramos y nos saturamos de tanto sentimiento, pretendemos quemar los libros arrancarnos cualquier desazón para entregarla en su honor darle una buena patada al corazón y arremeter hasta que las manos no tiemblen. Poco sabe este amigo de cuánto lo queremos a pesar de sus idas sin vuelta tiene un espacio -pura y exclusivamente- para denotarnos cualquier sentir y darnos en lo más profundo del ser. Te pido que dejes de escribir por un tiempo, que te dediques a mirar solo unas semanas a pensar, como todos los días, en una ciudad mejor porque a esto ya te lo he dicho, y aun así seguís pintando los sueños con palabras.

La Pandilla

Si el mundo me exigiera situarme     en una vida                        o en sólo medio tiempo                                          la respuesta cae de maduro. Los encuentro     buscando amores        cocinando sueños            abrazando el cielo y están ahí aunque yo vaya       -o vuelva- gire por el mundo      -y vuelva- hable                            -o me calle- y no vuelva. Pero es así tan simple como el avioncito de papel que vuela siendo libre y cae siéndolo aun más. Les pido que     ...

De vuelta

Debajo de una gran nube me encuentro viajando a contramano. Solo espero que el viento me guíe o sentirlo dividirse al rozar mis manos. Me pregunto qué es el cielo, cuando los ojos de esa muchacha se posan en mi sonrisa por ella y no hay más que nubes revueltas de azúcar acá. -Te cuento amigo porque hay una partecita de mi que se ilusiona cuando pasa esto del amor, dos margaritas al viento y la necesidad de un abrazo tuyo-. Intento definir la ilusión que me corroe con un par de oscuridades, y no hay más que eso. Nube, lluvia en la ventana, una pelicula -de vuelta- con un final feliz, y de fondo las luces de la ciudad que se olvidan. Amo poder escribirles, porque me acercan un pasito más a sus manos y me permiten tocarles el bobo con palabras hasta posiblemente hacerles llorar de tanto querer. Te espero, abajo de esta nube, en el patio de mi ser para tomarnos un té  quiero. Me extiendo y me existo en cada párrafo que le es...