Des-tierra
A doscientos de kilómetros de casa donde el horizonte es eterno, la humedad se adentra en los huesos y el brillo de la llanura palpita, se encuentran dos nubes que de vez en cuando dan sombra y otras veces lloran. No conocen la distancia ni sienten el olvido porque ellas siempre están en casa. Charlan con el cemento y cambian de forma para alegrar a las plantaciones. Pero son solo dos nubes y están solas por eso de vez en cuando dan sombra y otras veces lloran.