Des-tierra

A doscientos de kilómetros de casa
donde el horizonte es eterno,
la humedad se adentra en los huesos
y el brillo de la llanura palpita,
se encuentran dos nubes
que de vez en cuando dan sombra
y otras veces lloran.
No conocen la distancia
ni sienten el olvido
porque ellas siempre están en casa.
Charlan con el cemento
y cambian de forma para alegrar a las plantaciones.
Pero son solo dos nubes
y están solas
por eso de vez en cuando dan sombra
y otras veces lloran.

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