Cuando el agua se vuelve turbia

 A veces hay que cruzar el rio

-y me río estúpidamente-.

No queremos hacerlo pero debemos, 

mojarse puede ser bueno

te puede llevar la corriente

te puede salpicar los sueños

zamarrearte y dejarte tonto

hasta que encuentres rumbo.

Qué extraño momento en que el agua se vuelve turbia por las pisadas. Antes era cristalina y reflejaba nuestra cara repleta de ilusiones, casi como si nada pudiera arruinarnos el día. Pero nuestros pasos nos traen realidad: si decidimos caminar ya nada será tan fácil, cristalino y hermoso. 

Podríamos habernos tomado de la mano y confiar, pero no pudimos más.

No me arrepiento de haber llegado ahí y tenderla con una sonrisa -aunque a veces reniegue de mi esencia-, no podría haber hecho otra cosa. 

Llevo mi corazón latiendo en mi mano, que me da los mejores consejos, le da sabiduría a mi intuición -que lenta y cuidadosa me ha traído hasta aquí-.

Capaz

capaz

capaz

pueda saber algún día 

qué pasó mientras cruzaba.



Y por favor no dejen de amar

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