Té de casa *PUBLICADO*
En esta casa popular
existen sueños
ordenados todos por fecha de nacimiento
en un cajón del armario titulado -mañana-,
de vez en cuando salen a pasear
dan vueltas por las calles,
se ensucian
se agrandan
tiemblan
o sueñan.
También
existen sueños caducos
olvidados, rotos o defraudados
frustrados de su imposibilidad
de solo ser,
y cantan serenatas
de caminos nocturnos
que hacen a los sueños vivos
esforzarse por salir mañana a la vereda.
En esta casa popular,
aparte de sueños,
se pueden encontrar amigos
ubicadas en la biblioteca de lo-que-somos
y que escriben en sus cuerpos
las intervenciones que hicieron en nuestra vida,
escriben con abrazos
para demostrar cuán profundo
es/fue lo nuestro
y no les tiembla el pulso
para decirnos de vez en cuando:
acá estamos.
En esta casa popular
habitan y existen muchas cosas
que viven el cotidiano
como último,
una casa donde
no sobran niños ni poetas,
donde teoría se confunde con la práctica,
donde el mundo no gira, da saltos
y las hormigas del patio recogen
los pedacitos de corazón
que se supieron caer
y luego rearmar.
existen sueños
ordenados todos por fecha de nacimiento
en un cajón del armario titulado -mañana-,
de vez en cuando salen a pasear
dan vueltas por las calles,
se ensucian
se agrandan
tiemblan
o sueñan.
También
existen sueños caducos
olvidados, rotos o defraudados
frustrados de su imposibilidad
de solo ser,
y cantan serenatas
de caminos nocturnos
que hacen a los sueños vivos
esforzarse por salir mañana a la vereda.
En esta casa popular,
aparte de sueños,
se pueden encontrar amigos
ubicadas en la biblioteca de lo-que-somos
y que escriben en sus cuerpos
las intervenciones que hicieron en nuestra vida,
escriben con abrazos
para demostrar cuán profundo
es/fue lo nuestro
y no les tiembla el pulso
para decirnos de vez en cuando:
acá estamos.
En esta casa popular
habitan y existen muchas cosas
que viven el cotidiano
como último,
una casa donde
no sobran niños ni poetas,
donde teoría se confunde con la práctica,
donde el mundo no gira, da saltos
y las hormigas del patio recogen
los pedacitos de corazón
que se supieron caer
y luego rearmar.