Ojos negros mírame más, tengo palabras un par de sonrisas y sueños de niño. Dulce camino trazado por un barrio querido y varias convicciones que se plasman en la firmeza de su mirada. Iuminar el camino aún sin saberlo -después solo tuve ganas de seguir caminando-. No temas a brillar nunca vas a encandilar porque llevas el sueño de muchos y solo puede ser un abrazo cálido.
-Me voy a poner a escribir porque llorar todavía no puedo.- Así recomenzó el capítulo del artista y del curioso escritor. Reconozco la sonrisa de despedida desde hace tiempo, dijo. Una cicatriz que demuestra que aunque dolió también supimos rearmarnos (esos almuerzos de noviembre). Y aunque todavía no sepa responder al cómo estoy de cada mañana, me alegra que me preguntes. Que deje huellas bonitas en cada trazo, en cada imagen, en cada consejo. -este también es mío-.
I Debo admitir que nunca soñé con volar, probablemente sea porque no tengo alas. - No es necesario - dijo contundentemente, y me quedé pensando toda una temporada. Será que siempre me gustó confiar en mis pisadas, embarrarme y mirar el cielo desde el pasto. También puede ser que solamente tuve miedo de caer. II Como no sabía/podía volar me puse zapatillas de tinta, para escribir con mis pies algunos versos que me permitirán conocer otros lugares, sonrisas, atardeceres, sueños. III Cuando pude, construí puentes con mis palabras, algunos son tan firmes como la certeza que tengo en ellas, y otros tan débiles...