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Domingo no celeste

Poseo particularmente esta vez y de vez en cuando una duda que soberbia y enorme                   se levanta cuando perdemos. Ayer te hice saber                                   abrazo               que           tu                     quiero y que vivas tanto como quieras. Por último me levanto pensado          no hay nada como tu sonrisa                            o escucharte decir  nuestros derechos ,             y tal vez tampoco haya nada       tan tranquilizador como tu voz                 o tan hermosamente atroz para mí como verte luchar.

Corazón

Me dijeron que cuide el corazón que podría dañarlo que una herida podría romperlo y me dolería. Con los años me gusta saber que poco me  interesa cuidarlo y que la mejor forma de cuidarlo es repartiéndolo     /en cada viaje     /en cada idea     /en cada amigo. Entregarlo en partes y ponerlas  en cada esquina para saber cuál es el camino de vuelta a casa. Que aburridos los corazones impolutos, libres de barro y raspaduras esos que se olvidan de vivir por solo cuidarse y qué maravillosos esos corazones parchados,  tejidos,  que adoptaron otros, los sumaron a sus cuerpos Frankenstein  y resuenan en cada latido.

Agenda compartida *PUBLICADO*

-Me voy a poner a escribir porque llorar todavía no puedo.- Así recomenzó el capítulo del artista y del curioso escritor. Reconozco la sonrisa de despedida desde hace tiempo, dijo. Una cicatriz  que demuestra que aunque dolió también supimos rearmarnos (esos almuerzos de noviembre). Y aunque todavía no sepa responder al cómo estoy de cada mañana, me alegra que me preguntes. Que deje huellas bonitas en cada trazo,  en cada imagen, en cada consejo.                       -este también es mío-.

Kizuna *PUBLICADO*

Dos líneas nacen de alcanzar me. Dos líneas se cruzan. Nuestros caminos, nuestros sueños infinitos. Una línea sostiene ideas que construimos. Otra línea llega al reverso del corazón, nuestro hogar.

Amigos *PUBLICADO*

Me preguntan si escribo  -hasta de una forma solemne-. Pediría perdón, pero nunca me sentí escritor. Será que nunca fui tan bohemio. Será que nunca fui un gran lector. Será que siempre  me puse los mismos lentes  para ver el mundo,  los del cariño y amabilidad. Y nunca, pero nunca,  me gustaron las palabras difíciles,  y exijo juicio para aquellos que...  ¿Para qué hablar de esos? Eso sí,  dedico día a día a amasar palabras,  hornearlas  con algún verbo que me encontré cruzando la Colón  y servirla todos los jueves  con la esperanza de esta semana  haber cocinado mejor          /para ellos          /para la gente del barrio          /para mis amigos de merienda                                         -para todos hay lugar-. Y espero  algún día,...

Castillo de intenciones *PUBLICADO*

 Me recibí de albañil el día que construí mi castillo de intenciones. Una fortaleza establecida allá donde no alcanzan las palabras. La antítesis directa de un faro. Un lugar al cual ir cuando estemos desorientados. Donde todos los jueves habrá un baquete y abrazos por si faltan cubiertos. Y capaz no sea tan cómodo o puede estar despintado, pero cariño nunca va a faltar. Posiblemente un día lleguen aquí las palabras, invadan este castillo, lo derrumben y lo reduzcan a cenizas. No será problema, yo estaré  construyendo el próximo.

Utopías *PUBLICADO*

Grande es la mierda que pasamos. Perder, caer, perder y volver a caer, el sentido del triunfo,  que esporádico y fugaz  nos permite soñar un futuro promisorio. Si hay que pelear no corro puedo levantarme las veces que sean necesarias. Ya rompí siete espejos, cumplí el año de mala fama, y aunque suene derrotista lo escribo en un momento de esperanza. Al final, habrá revancha para quien sepa buscarla y el tiempo no será importante a menos que deje de intentar. ¿Qué es lo que siempre te sobró?