Marte
El día que la conocí se rompió la cinta roja, esa que al atarla había prometido que por ahora no . Ya no tengo protección. Si supiera que cuando pregunto miro a los ojos de forma incisiva, pero podía caer en la trampa y quedarme sólo mirándola. ¿Sabrá el poder que tiene? Elijo actuar como un entusiasta, un esperanzado -agito los brazos para distraer-, en fin, como un idiota. No olvido ese vistazo que dio cuando comenté que para mí la poesía era más que escribir era una forma de vida aunque suene ostentoso. Cada palabra me sale adjunta a una lágrima.